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Científicos de EE.UU. proponen captar el CO2 y reconvertirlo en gasolina.
Dos
científicos del laboratorio de Los Álamos, en los Estados Unidos, han
lanzado esta propuesta bajo el título de Libertad Verde.
Libertad
Verde se propone nada menos que rizar el rizo: capturar el dióxido de
carbono que los automóviles emiten a la atmósfera cuando queman
gasolina y procesarlo para que se vuelva a convertir en gasolina.
Vendría a ser como poner coto de una sola tacada a la amenaza del
calentamiento global y a la del ocaso de los combustibles fósiles.
¿Quién da más?
Al decir de los expertos, lo que proponen F.
Jeffrey Martin y William L. Kubic Jr. no es científicamente una
tontería. Investigadores de la Universidad de Columbia y hasta algún
laureado con el premio Nobel ya había apuntado hasta ahora ideas de
cortes similares. Ni siquiera hay que innovar demasiado: toda la
tecnología necesaria para el proceso está a punto, sostienen los padres
del ilusionado invento.
Lo que no dicen acto seguido es que no
se trata de una tecnología cualquiera: estamos hablando de energía
nuclear. Desde un punto de vista estrictamente ecologista, habrá sin
duda quien considere que es peor el remedio que la enfermedad.
MERCADO DE EMISIONES
Sucede
que las necesidades energéticas del coloso norteamericano son tan
enormes que cualquier intento de contener en serio el calentamiento
global sin perjudicar la economía parece misión imposible. En Estados
Unidos está a punto de constituirse por ley un mercado de emisiones de
carbono de mil billones de dólares, el doble que todo el mercado de la
UE. Tanto Hillary Rodham Clinton como Barack Obama e incluso John
McCain respaldan la iniciativa. Pero a los expertos les ha faltado
tiempo para avisar de que esto puede elevar un 20 por ciento el precio
de la electricidad, y un 12 por ciento el de la gasolina, de aquí al
año 2012.
Nunca la economía había condicionado tanto a la
ciencia. Los promotores de cualquier progreso en este sentido no sólo
tienen que demostrar que su invento funciona sino que es rentable. Y
por rentable, en este contexto, no sólo se entiende que la relación
calidad-precio del producto sea satisfactoria, sino que también lo sean
sus efectos en los hábitos de consumo generales. Una verdadera hazaña.
Hace
años que se trabaja para intentar reducir la dependencia de la
gasolina. Se ha experimentado con biocombustibles, con el coche
eléctrico y con el coche movido por hidrógeno. De momento hay que ser
muy verde, pero mucho, para contentarse con las limitaciones de estos
vehículos. Además hay que tener en cuenta que ninguna de estas
soluciones» vale para los aviones.
Lo más atractivo del proyecto
de Los Álamos es que si sale bien los americanos podrán cumplir su
sueño dorado de seguir quemando toda la gasolina que les dé la gana
durante muchos años. Algo que ellos asocian con su idea más íntima de
libertad personal. Luego ya vendrán los científicos a «barrer» el aire,
empleando una solución líquida de carbonato de potasio para capturar el
dióxido de carbono del aire y hacer viable su conversión y
almacenamiento como combustible.
El proceso electroquímico es
hasta sencillo, lo complicado es cómo se consigue la enorme cantidad de
energía necesaria… sin que lo que se ahorra por un lado se vuelva a
gastar por el otro. Esto es exactamente lo que ocurriría si se
acometiera el problema con energías limpias como paneles solares.
Emulando
a Bill Gates, los científicos de Los Álamos ya lo han probado en su
garaje, a escala «tupperware», y ha funcionado. Pero para lograrlo a
escala industrial les hace falta una planta nuclear. Han calculado que
con todo a su favor podrían llegar a producirse 750.000 galones al día
a un precio óptimo de 2,30 euros el galón (que está entre los tres
litros y medio y los cuatro litros). ¿Saldrán en Estados Unidos el
apoyo y los fondos para investigar esto más en serio? Para bien o para
mal, no tienen nada que perder.
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